Si mañana ya no pudieras decir el nombre de tu empresa, tendrías que vender algo tuyo.
Esto coge lo que ya sabes hacer y te lo devuelve empaquetado: el problema que resuelves, el servicio que sale de ahí, qué entregas y a quién se lo vendes.
El mismo con el que estás en el grupo. Lo uso para saber quién eres y mandarte el enlace de la clase.
Marca todo lo que podrías hacer mañana sin tener que estudiar nada antes. Sin adornar, que esto no lo ve nadie más.
Una sola. Es la que va a dar nombre a tu servicio. Las demás no se pierden: se convierten en lo que te diferencia.
Piensa en el tipo de negocio con el que ya has trabajado o que ya entiendes. No en el que más te gustaría tener.
Contando que sigues en tu trabajo. Esto marca cuántos clientes puedes llevar sin que se te caiga la entrega.
Cruzando lo que sabes hacer con lo que el mercado paga…
No es una idea nueva. Es lo que ya haces, ordenado de forma que alguien pueda comprarlo.
Eso de arriba es un borrador. Le falta el precio defendido, los límites de lo que entra y lo que no, y la conversación en la que alguien te dice que sí.
Eso es justo lo que vemos el martes.
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